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Abres los ojos, un sonido en tu cuarto te despertó. Te sientes pesado, suavemente contraes las piernas hacia tu cuerpo, envolviéndote en las sábanas. Una sensación hueca recorre tu pecho, haciéndote cerrar los ojos. Abrazas la almohada con todas tus fuerzas, terminas respirando a través de ella. Sientes un dolor muscular que te recorre todas las extremidades. En la penumbra de tus párpados recuerdas por todo lo que haz pasado, las imágenes son complementadas por espasmos involuntarios. Una lágrima es absorbida por la almohada, y solo un pensamiento recorre tu cabeza: Quiero morir.

Nadie sabe por todo lo que una persona pasa hasta llegar a tomar la decisión de querer morir. Muchas de las personas que recurren a la eutanasia tienen diferentes motivos y formas de pensar. Yo creo que deberíamos respetar dicha decisión.

Todos en algún momento de nuestra vida, dijimos: “Si mi padre estuviera aquí, sabría qué hacer en esta situación.” Eso lo decimos porque respetamos sus años de experiencia, también lo decimos porque sabemos que cualquier decisión la toma por el bien de nosotros. Si respetamos y valoramos cuando nuestro padre toma una decisión, ¿por qué no podemos seguir haciéndolo si nos dice: “No quiero sufrir más por esta enfermedad, quiero morir”? ¿Acaso no todos buscamos dejar de sufrir? ¿Acaso no todos morimos al final de nuestra vida?.

El diccionario de la Real Academia Española define a la eutanasia como: “Acción u omisión que, para evitar sufrimientos a los pacientes desahuciados, acelera su muerte con su consentimiento”. Esto es muy importante especificar, ya que es una acción para prevenir el dolor.

Cuando éramos pequeños y aprendíamos a andar en bicicleta, nuestra mamá estaba siempre atrás nuestro, empujando, al tercer intento ella nos soltaba. En ese momento pasan dos cosas: Primero uno siente dicha de poder andar solo, y segundo uno cae al suelo. Todos nos hemos raspado la rodilla en esa caída, es normal, como también lo es ver a nuestra madre venir corriendo hacia nosotros y soplar la herida para que el dolor cese. Ella en ese momento está evitando el sufrimiento. En las dos situaciones se está previniendo dolor, sin embargo uno es aceptado por esta sociedad y el otro condenado.  

El hombre normalmente es un ser que busca sobrevivir, por eso es que las personas que viven en distintos lugares del mundo, con diferente clima, tienen distintos atributos físicos, es un factor biológico que todo ser humano tiene. Nosotros vivimos buscando una forma de no morir al crear medicinas y otras cosas para cuidar de nuestra salud, sin embargo, toda madre está dispuesta a morir por su hijo. Esto solo representa que nosotros estamos dispuestos a botar toda nuestra vida por una razón que valga la pena. Para algunos es un hijo en peligro y para otros una terrible enfermedad.

En todos los lugares, cuando hay una emergencia, siempre dicen: primero cuídate tú y después de los demás. Esto se dice porque primero hay que cuidar de uno mismo para después poder ayudar a los otros, en ese momento lo más importante es uno mismo.

Las personas que piden morir, lo hacen porque no quieren sufrir, porque están evitando sentir dolor, porque están cuidando de sí mismos. ¿Acaso eso no es una razón válida?. 

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Jingle creado para una campaña política. Edición musical y letra original. 

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Fotografía, redacción y presentación creada por mi. La consigna: crear nuevas presentaciones estilo Gourmet para la Big Mac de Mcdonalds. 

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Label Diseñado para una Lata de Budweiser. Trabajo Estudiantil. 

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Segundo comercial, Campaña Ganadora del Gran Cóndor y Cóndor de Oro 2011, Guayaquil, Ecuador.

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Este es el primer comercial para la campaña de recolección de fondos para el Hospital Pediátrico León Becerra de Guayaquil, Ecuador.

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Avisos Publicitarios, Campaña Ganadora del Gran Cóndor y Cóndor de Oro 2011, Guayaquil, Ecuador.

La campaña consistió en recolectar fondos para el Hospital Pediátrico León Becerra. 

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Aplicación en Vía Pública de la campaña Ganadora Gran Cóndor y Cóndor de Oro 2011.

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Kit empresarial para la campaña Ganadora Gran Cóndor y Cóndor de Oro 2011

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“Me moría del frío, había estado tomando toda la noche con mis compañeros, eran las cuatro de la madrugada cuando regresé con mi compañero de cuarto, a nuestra habitación: un cuarto frío, con dos camas en cada esquina separadas por una mesa de noche, una gran ventana cubierta por una cortina color rojo vino, y un pequeño baño al lado izquierdo; Daniel, un chico de estatura alta, largo pelo castaño y fuertes ojos color verde claro, sacó de un pedazo de techo flojo, una botella de tequila, y después de dos largos tragos sobre mi cama, se inclinó y me besó, minutos después, estaba teniendo sexo con un hombre por primera vez”, fue lo primero que me dijo Matías Miranda cuando le pregunté sobre su primera experiencia homosexual, “después de esa experiencia con Daniel, mi vida fue muy normal, seguí con mis amigos, tuve muchas enamoradas a las cuales llegué a amar, llegué a olvidar esa noche en esa habitación de hotel, no le di importancia alguna”, me decía Matías con una mirada lejana, como si le costara recordar ese momento, su expresión no mostraba asco o felicidad, se mantenía serio, forzando la mirada hacia la izquierda cuando trataba de narrar los hechos cronológica y detalladamente.

Después de tres sorbos de un café empezó a contarme sobre Gabriela, Fernanda e Isabella, las tres enamoradas que ha tenido, sobre sus intimidades como la primera vez que tuvieron sexo, o sus besos, nada de esto le parecía distante o raro, “sexo es solo sexo, no necesariamente porque tiré con una mujer o un hombre significa que le amo, sin embargo nunca sentí la diferencia, o sea para mí, se siente exactamente igual el besar a una mujer o a un hombre, si tal vez no lo hice antes fue porque la sociedad con la que crecí lo tachaba como malo”.

Una cosa de la que si no pude evitar reconocer, es que Matías ha tenido grandes influencias que lo han expuesto hacia estas distintas experiencias, “uno de los momentos más fuertes por los que he vivido, definitivamente fue cuando mi mejor amigo del colegio, Roberto, me confesó que era gay, la verdad es que siempre me lo imaginé, pero por alguna razón eso hizo que lo quisiera más”.  

Una media sonrisa decoró su cara cuando le pregunté cuando fue la segunda vez que tuvo un encuentro sexual con un hombre, “fue en una discoteca”, me aseguró, “Roberto me había llevado a una de esas discotecas gays para celebrar su cumpleaños, ahí, mientras bailaba, me encontré con un man alto de pelo negro y piel trigueña, que me coqueteo, había tomado mucho ron y estaba ebrio, terminamos vacilando en el baño, besándonos y tocándonos, nunca supe su nombre”.      

yo tuve muchas enamoradas en mi época de colegio y universidad, esas experiencias con hombres solamente pasaron tres veces cuando estaba estudiando,  siempre pasaron estando yo en un fuerte estado etílico, ahora entiendo porque cuando era más pequeño, se lo atribuía al alcohol”, me confesó después de un largo tiempo de auto reflexión.

Después de muchos años de visitas semanales a los moteles con diferentes acompañantes sexuales, Matías conoció a Xavier, un hombre inteligente, de mediana estatura, pelo oscuro y piel blanca, un hombre con el cual entabló una corta relación ya que Xavier tenía planeado irse a China a estudiar por algunos años, él y todos sus amigos le apodaban “China” por el simple hecho de que se fuera para allá a vivir.

cuando Xavi se fue la pase mal los primeros meses, después empecé a salir con otras personas, mujeres incluidas, para pasarla bien, no me interesaba tener otra relación, hablaba ocasionalmente con Xavi pero no era bueno, ya que él siempre me hacía problemas de celos por las personas que yo veía y salía, después de muchos meses me enteré de que iba a regresar, aparentemente no le gustó China y decidió seguir sus estudios aquí”, una amplia sonrisa se dibujó cuando me confesó que Xavier no tiene más de dos semanas aquí y ya tiene un nuevo sobrenombre, enamorado.

Después de esta entrevista y viendo en retrospectiva mi vida, definitivamente puedo decir que soy bisexual y no gay, no porque tenga algo de malo ser gay, sino porque yo no tengo ninguna afinidad especifica hacia el sexo de una persona, yo me enamoro de cómo es la persona en sí, mas no si es hombre o si es mujer, eso para es un tecnicismo que me tiene sin cuidado”.

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-¿Qué dónde estamos?

-Estamos en el lugar al que nadie quiere ir, en el que nadie le gusta estar, tierra llena de lágrimas y sueños perdidos, flores marchitas y otras por marchitar, con un simple propósito, representar el amor, los sueños, las esperanzas, que uno tiene hacia un ser querido, representantes del dolor que sufrimos cuando ya no están a nuestro lado.

-lo sé, no es un buen día para estar aquí, caluroso, sin gota de humedad, nada de viento, hace el día más cansado, mas difícil de llevar.

-¿lo sientes?, sientes el aire lleno de lamentos que nos llega, provocando más lágrimas derramar, por los gritos desesperados de madres, hijos, hermanos.

-¿si ves ese marco? Ese marco de verdes árboles perfilando el horizonte de este a oeste, encerrando este infierno en la tierra, donde todos iremos a terminar tarde o temprano, buscando la paz después de una vida de arduas tareas.

-Mira a los lados, ¿cómo puedes ignorar ese palpitante dolor en el pecho, al ver ese mar de piedras rectangulares reinando sobre cada montículo de tierra a plena vista?, con nombres grabados en ellos, confirmación de que nuestros miedos más grandes son realidad, osario de cuerpos, almas, sueños, esperanzas… campo santo de seres queridos.

-Sí, no somos los únicos aquí, esta tierra es visitada por entes: personas con mirada perdida, lento caminar, ojos rojos, nariz tapada, cara hinchada; personas que andan cabizbajo y con los brazos extendidos, cansados de tanto pedir en los cielos que lo que están viviendo, no sea más que una pesadilla, fantasmas de lo que una vez fueron; personas buscando consuelo a su gran dolor, por ver a un padre, una madre, un hermano, un amigo, irse de sus vidas para siempre. Personas arrodilladas sobre tierra, lodo, piedras, plantas, tratando de alcanzar y sostener a esa persona por última vez, sosteniendo con fuerza la tierra, lo único que les queda.

-¿Puedes verlos? Ahí, arrodillados entre las piedras, enterrando a alguien, hermanos supongo; es impresionante cómo el mayor, el de vestiduras de guerra, sirve de apoyo físico y moral para el menor, ese pobre  hombre de flaca contextura, gastada vestimenta, pálida piel y castaño cabello, devastado por la pérdida, el dolor, con su rostro escondido en el omóplato del soldado mientras sus brazos descansan con fuerza sobre el hombro derecho de su hermano, abrazándolo.

El mayor con cara larga, toscas facciones, fuerte contextura y cabello negro, ve con expresión resignada, triste, pensativa, mientras lentamente remueve la tierra frente a él, con la mano derecha sobre el nombre de la persona recién enterrada, y la izquierda en la tierra añorando encontrarse con algo, la mirada fija en el suelo mientras escucha a su hermano lamentarse a su lado.   

-Este lugar es tierra de tristeza, de lamentos perdidos, de sueños sin cumplir, de plegarias sin respuesta, de inútiles esperanzas, de historias pasadas, presentes, y futuras.

-Entonces ¿Por qué siempre regresamos?


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Diseño Pop Art, ¿pueden adivinar cual botella es?

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Martes 13 de julio de 2010, 18h00

“Mataron a Fausto”, eso fue lo que nos dijo Eduardo Mata, profesor de la Universidad del Pacífico y mi querido primo, cuando contesté el teléfono. “No sé nada más, ahorita estoy con la policía, de aquí voy para su casa”. Así terminó la llamada que nos anunció la muerte de Fausto Patiño Martínez, inmediatamente estábamos en el carro, mis padres y yo, manejando hacia T.C. Wright 709 y Dolores Sucre, camino a encontrarnos con la familia, preparándonos psicológicamente para consolar y ayudar en lo que pudiéramos.

Ni toda la preparación del mundo nos pudo haber capacitado para lo que nos encontramos. Mi tío vivía en una casa doble: en el lado derecho reside José Francisco, su único hijo, con la esposa, que está embarazada, y su hijo pequeño; atrás se encontraba una entrada auxiliar ya que Fausto Patiño era un reconocido cardiólogo y su consultorio se hallaba en el mismo lugar, y en el lado izquierdo su hogar, donde vivía sólo con su esposa.

La entrada de la casa estaba llena de periodistas, con cámaras fotográficas y de video, haciendo preguntas, hablando con la gente presente. Dentro de ella se encontraba un sinnúmero de policías, tomando declaraciones, huellas digitales, examinando las cerraduras, hablando con los guardias, viendo qué faltaba, y afuera en cada esquina, grupos de personas, vecinos, intrigados, preocupados observando todo desde una prudente distancia.

Mi tía, Cecilia de Patiño, se encontraba fuera de su casa, rodeada de familiares y amigos que la consolaban, consuelo que ella parecía no escuchar por su cara congelada de terror, sus ojos sin punto de enfoque alguno, pálida piel y un rastro de lágrimas, ya secas, señaladas en sus mejillas.

-¿Cómo pasó?- le preguntamos ya que nadie conocía muy bien los detalles.

-Él no me contestaba el teléfono-, nos respondió.

-Había quedado en irme a ver, pero nunca llegó. Llamé a José Francisco, le pedí que  me recoja del trabajo y juntos entramos a la casa.

-Entré al baño- la interrumpió el hijo al ver como las palabras de su madre se iban quebrando de a poco.

-Encontré todo rojo de sangre, y vi a mi padre acostado en la bañera, vestido, los brazos morados y algunas puñaladas en el pecho.

Hablando después con Freddy Galarza, jefe de policía a cargo de la investigación,  nos enteramos de que las cerraduras no estaban forzadas, lo único que faltaba en la casa era su laptop, su celular y su billetera; el arma con que lo habían matado era un cuchillo de su hogar, tenía cortadas en toda la cara, seña de que lo habían torturado.

“El doctor se defendió y mucho, lo sabemos porque en sus brazos tiene morados (hematomas) que fueron causados porque el Doctor Patiño se soltaba constantemente de su agresor, y creemos que se encontraba en el baño, porque trató de encerrarse ahí, pero no fue lo suficientemente rápido”. Murió de dos apuñaladas en la espalda, dos en el pecho y una en la yugular.

La ambulancia de Medicina Legal llegó a las ocho de la noche, y entró hasta el garaje para sacar el cuerpo para que los periodistas no lo vieran, dentro del carro se realizaron algunos estudios y observaciones.

El cuerpo del Doctor Fausto Patiño fue llevado para una autopsia a las once de la noche.

Cecilia de Patiño vio todo con un valor único, sus últimas palabras fueron: “Yo no me muevo, este es mi hogar y aquí es donde debo estar”, cuando muchos de nosotros le ofrecimos nuestra casa para dormir.  

 

Miércoles 14 de julio de 2010

“Cardiólogo asesinado en su vivienda”. Así fue como presentó diario El Universo la noticia del asesinato de mi tío, describiendo vagamente sus detalles y refiriéndose a nosotros como familiares y amigos, los demás periódicos no se quedaron muy atrás, y los noticieros también dieron sus opiniones y conclusiones. Nosotros partimos hacia Parques de la Paz donde se lo veló durante dos días en espera de sus hermanos mayores, Emilio y Conto Patiño, que tuvieron la desgracia de enterarse del acontecimiento cuando estaban fuera del país, uno en los Estados Unidos y otro en París.

El cuerpo llegó al medio día al cementerio, donde muchos familiares lo esperábamos. Colocaron el ataúd en su lugar establecido, frente a un mar de personas tristes y entre 14 arreglos de rosas blancas, en espera de la hora del descenso a su lugar de reposo. 

En medio de los pésames y los abrazos, un teléfono sonó: “a su tío lo asesinaron con guantes, no hay ninguna huella digital en toda la casa, ni en el carro, hablamos con los encargados de la empresa Mac Security (empresa de alarmas que tenía en su casa) y nos confirmaron que la alarma sonó dos veces,  en ambas el doctor contestó para decir que no pasaba nada, pero en la segunda sonaba alterado.”

 

Jueves 15 de julio de 2010

Con 50 Ave Marías y 10 Padres Nuestros comenzó la ceremonia, y después la misa de despedida.

Casi al final de la misa, Emilio Patiño, nos anunció que la policía sospechaba de unos trabajadores que estaban arreglando algo de la casa, pero que todavía no era seguro.

Mientras veía salir el ataúd no pude dejar de pensar en las posibilidades. Muchos dicen que fueron unos ladrones que entraron y lo mataron, otros que se hicieron pasar por pacientes. Muchos  piensan que fue obra de un sicario, también dicen que tenía una amante y que esta lo mató. Lo que si les puedo decir es que hasta hoy el final de esta historia acaba con una placa de mármol que reza: FAUSTO PATIÑO MARTINEZ + 06 - 09 - 1937     t 13 - 07 - 2010               

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Fue mi culpa, nadie lo sabe, nadie lo vio, nadie escucho cuando pronuncie esas fatales palabras que terminaron por matarlo, las noticias dicen que de la nada colapsó, algunos dicen que estaba drogado o que murió por no comer, y hay algunos excéntricos que dicen que sigue vivo y que está en galápagos, pero solo yo se la verdad, sólo yo lo vi caer, con esos ojos aterrados y con arrugas por el dolor, sus manos instintivamente en el pecho, sus rodillas fallaron y un segundo después en el suelo yacía, y yo, inmóvil como una roca.

Mi padre nunca fue de las personas que hablaba mal de los demás, era de mente abierta y siempre nos decía: “El mayor regalo que podrán tener es el de reconocer, sé quién eres y todo saldrá bien en tu vida.” Lo decía por experiencia propia supongo, pero eso no lo podría asegurar ya que no le gustaba hablar de su pasado, recuerdo una de las tantas tardes de enseñanza, en la cual nos explicaba cómo los medios nos pueden ayudar como destruir la vida por nuestro apellido, o sus famosos tips de comportamiento frente a la cámara: “¡Cuando salgas del carro siempre mira hacia abajo al salir, si te puedes cubrir la cara con gafas o un sombrero mejor! Así mantendrás el misterio sin parecer pedante frente a las cámaras, y les darás a entender que quieres mantener tu vida fuera de ellas, porque es tan interesante ser tú, aunque nosotros sepamos que nuestras vidas no son mejores que las de los demás jaja. ” y los ensayos, podrá ser mi papá pero nunca supe de dónde sacaba las fuerzas para cantar y bailar así, nunca supe que lo motivaba o de dónde sacaba la voluntad, porque sí, él tuvo muchos problemas, es verdad, pero nunca dejó de hacer planes para el futuro, nuevas giras, nuevos conciertos, nuevos movimientos, nuevos bailes.

Nadie lo sabe, nadie lo sabe, nadie sabe que ocurrió ese día, ese fatal día en el cual el rey dio su último respiro, estábamos hablando, preparándonos para el gran acontecimiento, mi lanzamiento frente al público en su próximo concierto, de pronto, una llamada acabó con mi entusiasmo, lentamente vi su expresión al escuchar cuidadosamente cada palabra que este ser le susurraba por el teléfono, cinco minutos después estaba aplastando mis sueños, ¿su escusa? No me quería ver metido en ese mundo tan inestable, mi cabeza dio vueltas, no podía pensar, quería llorar y al mismo tiempo gritar, no escuchaba nada, todo se volvió cámara lenta, los sonido se volvieron pesados, no podía determinarlos ni identificarlos, sus palabras no tenían sentido alguno, mis rodillas temblaban a punto de colapsar, de pronto sentí algo cálido, ¿un abrazo? desperté, abrí los brazos con todas mis fuerzas, y empecé a gritar, vi a mi padre caer, con esos ojos aterrados y con arrugas por el dolor, sus manos instintivamente en el pecho, sus rodillas fallando y un segundo después en el suelo.En las noticias dijeron que los paramédicos le rompieron las costillas al tratar de resucitarlo pero eso es mentira, sus costillas se rompieron cuando descargue mi furia hacia el cuerpo inconsciente de mi padre, gracias a un infarto que recibió por la sorpresa de mi reacción.

Ahora en estos momentos de tristeza y luto donde me despido de mi amado padre no me puedo dejar de preguntar ¿Para qué sirve un rey? Pero la respuesta es obvia para mí, para dejarle la corona al príncipe heredero.